Familia y Sociedad

¿Actividades extraescolares o clases de refuerzo?

Hace escasas semanas que comenzó el curso, y cada año, hay un acontecimiento que se repite al llegar octubre: el comienzo de las actividades más allá del horario escolar. Ya sea por diversión, por necesidad, por la voluntad de formar a los alumnos y alumnas en nuevas materias, por mejorar o mantener su rendimiento, … sea cual sea el motivo, lo cierto es que este mes es donde el horario se amplía a las horas de la tarde para un gran número de estudiantes.

“¿Y donde lo apunto?”, “¿Y es mejor que mi hija haga deporte o que la lleve a que le den clases de biología?”, “¿Y si me apunto a clases de matemáticas podré seguir yendo a entrenar?”, “¿Le dará tiempo a ir a clases de inglés y después al conservatorio?”, … Preguntas como éstas invaden pensamientos y conversaciones en casas y tutorías. Acertar con la elección de la actividad no es tarea fácil, porque a veces es complicado ver las necesidades del alumnado y establecer la prioridad.

Por eso vamos a hacer la distinción entre actividad extraescolar y clases de refuerzo, y veremos en qué casos son más recomendables. Pero antes, es importante recordar que no es cuestión de saturar al alumnado con infinidad de actividades por las tardes, todos los días de la semana. A veces, menos es más. Y con esta idea siempre en la cabeza, vamos a ver qué particularidad tiene cada una.

Las actividades extraescolares aportan un aprendizaje que no se adquiere en la escuela. Sirven para que el alumnado aumente la cantidad de ámbitos donde desenvolverse.  Son actividades que completan su formación. Pueden ser actividades deportivas, artísticas, de idiomas (aunque éstas también pueden ser de refuerzo), tecnológicas, … Hay un sinfín de posibilidades dentro de esta área. ¿Cuándo son recomendables? Cuando el alumno o la alumna las pida. No podemos olvidar que es a ellos a los que les tiene que gustar este “trabajo extra”. El contenido de estas actividades no va a influir en sus calificaciones escolares, por lo tanto, lo mejor es que sea una actividad que les agrade, les interese y tengan ganas de practicarla. Forzarles a acudir a este tipo de actividades, a veces puede ser contraproducente. Por supuesto, estas actividades no pueden ir en detrimento del rendimiento escolar. Es importante que no se pierdan las prioridades y tener claro que “un entrenamiento de fútbol no está por delante de un examen de matemáticas”. Las actividades extraescolares están para sumar, no para restar.

Por otro lado, tenemos las clases de refuerzo. Éstas sí están directamente relacionadas con los contenidos de las asignaturas escolares. Sirven para mejorar el rendimiento en aquellas áreas donde las calificaciones no se corresponden con la cantidad de trabajo que el alumno o la alumna ha empleado para dicha materia. Hoy en día hay infinidad de tipos de clases de refuerzo: en grupos, en grupos reducidos, a domicilio, en academias, individuales, … Cada una con su utilidad, sus ventajas y sus desventajas. Por eso, si vamos a invertir tiempo y dinero en acudir unas clases de refuerzo, también es importante asegurarnos de que vamos a poder sacarles el máximo rendimiento. ¿Cómo averiguamos esto? Muy fácil, concretando de antemano la necesidad principal. Vamos a verlo con tres ejemplos.

El alumno o alumna obtiene calificaciones negativas (suspenso) en una determinada asignatura. En este caso, sería recomendable un profesor/a particular individual con el que dedicar varias horas a la semana a trabajar y llevar un control de la materia. Ventaja: en una clase individual el trabajo está enfocado únicamente a las necesidades de la persona. Desventaja: un coste económico mayor que si fuese en grupo.

La alumna o alumno dedica mucho tiempo a una determinada asignatura, pero obtiene calificaciones más bajas de las que esperaba o se corresponderían con las horas de trabajo. En este caso, quizás lo que falle sea el método de estudio o que sea necesario reforzar algunos conceptos. Aquí, puede ser de mayor utilidad unas clases de refuerzo en grupo. Ventaja: el alumno puede llevar su ritmo de estudio y tener siempre el apoyo de un docente que le resuelva dudas de contenido o procedimiento. Desventaja: Los compañeros de la clase no tienen por qué estar trabajando en el mismo tema, por lo que a veces recibirá información que no le será útil y tendrá que esperar su turno.

La persona emplea mucho esfuerzo en llevar todas las asignaturas al día, sin embargo, las calificaciones finales no se corresponden con su trabajo e incluso a veces no le da tiempo abarcar todos los trabajos y exámenes. Al igual que en el caso anterior, aquí podemos encontrar un error en el método y la organización.  En este caso, sería interesante acudir a unas clases individuales o en grupos reducidos donde aprender a optimizar el tiempo y los recursos que tenemos. Aquí no es necesario entrar en el contenido de la materia, aquí se va a trabajar la metodología de estudio y la organización del trabajo. Ventaja: lo aprendido va a servir para el resto de la etapa educativa y se podrá aplicar a todas las asignaturas. Desventaja: el aprendizaje requiere un tiempo prolongado para asimilar y perfeccionar las técnicas de estudio.

En definitiva, para elegir qué tipo de actividad extraescolar o de refuerzo es más conveniente, lo primero es determinar cuál es la necesidad principal. A partir de ahí, elegir aquella que más se ajuste a las circunstancias. Y recordando siempre que, descansar y desconectar es tan importante como cualquier clase para mejorar el rendimiento.

 

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