Técnicas de Estudio

Planifica el estudio y ganarás tiempo

En el último post vimos la importancia de plantear unos objetivos a la hora de afrontar un hábito de estudio. Una vez tenemos la meta fijada, vamos a organizar el tiempo que tenemos para alcanzarla.

Planificar el tiempo es dar un gran paso en el trabajo. Si tienes organizados con antelación tus días, tus horas, tu cantidad de trabajo, tus fechas de exámenes y entregas de trabajos, tus ratos libres, … ahorrarás mucho esfuerzo y, sobre todo, ganarás tiempo. Y esto, te va a venir muy bien.

Y, ¿qué ventajas tiene organizar el tiempo de estudio?

  • Si tienes tu trabajo organizado con antelación, no tendrás que pensar cada día qué tienes que hacer ni cuánto tiempo tienes que invertir en ello.
  • Si te organizas correctamente, podrás disponer de tiempo para ti, para tus cosas, sin temor a estar quitándole horas al estudio.
  • Organizar el tiempo te permite distribuir el esfuerzo, de manera que puedes repartir las asignaturas para que no se te haga tan pesado el trabajo.
  • Tener una organización apropiada, te permitirá incluir tiempos para hacer repasos, lo que te vendrá muy bien en épocas de exámenes.

Para hacer una buena planificación hay que tener claros dos aspectos: cuánto tiempo necesitas para estudiar, y, de cuánto tiempo dispones. Hay que tener en cuenta que el horario que te marques debe ser realista y ajustarse a tus circunstancias. De igual manera, esto te servirá para ver si existen actividades que puedes incluir o excluir de tu día a día.

Lo primero que vamos a ver es cuánto tiempo necesitas para estudiar o trabajar cada día. Evidentemente, el tiempo vendrá determinado por cada estudiante, pero en general podríamos resumirlo así:

  • Etapa preescolar: no es necesario fijar un horario muy amplio, pero sí que sería conveniente que diariamente se le dediquen unos minutos a hablar de las cosas que han hecho en clase o hacer alguna ficha. De esta manera el niño o la niña asumirá que todos los días en casa, existirá un tiempo dedicado al colegio. Aquí empezamos a crear hábito.
  • Educación primaria: cinco días a la semana, a partir de 30 minutos y no más dos horas o dos horas y media, como máximo. Teniendo en cuenta, claro está, el curso del estudiante y sus necesidades.
  • Educación secundaria: cinco o seis días a la semana, de dos a cuatro horas aproximadamente. Igualmente, hay que tener en cuenta el curso y la cantidad de trabajo.
  • Cursos superiores a la secundaria: los días y las horas que hagan falta. Eso sí, dejando períodos de descanso que se repartirán según el criterio de cada estudiante.

Una vez visto la cantidad de tiempo que vamos a invertir en el estudio, vamos a ver cómo hacer un horario adecuado.

Antes que nada, elige el formato que vas a usar y el lugar donde lo vas a colocar. Es importante que esté lo suficientemente claro como para poder hacerte una idea de lo que tienes que hacer con un solo golpe de vista, y tenerlo siempre a mano. Puedes hacerte dos horarios: uno mensual donde apuntar las fechas importantes (exámenes, entregas de trabajos, …), y otro semanal que elaborarás antes de empezar la semana, en función de las citas importantes que tengas. Una vez tienes estos dos horarios elaborados, empezaremos a rellenar cada día.

Para la organización diaria, puedes dividir el tiempo en tres bloques:

  1. Lectura de agenda y organización del material. Esto no te llevará más de diez minutos.
  2. Estudio y realización de ejercicios. Será el bloque que te lleve más tiempo. Será el trabajo en sí mismo.
  3. Preparación del día siguiente. No te supondrá más de veinte minutos. Es muy importante que cumplas con este punto. Te ayudará a seguir mejor la siguiente clase, tomar apuntes, atender a la explicación, … No se trata de estudiarte el tema. Es hacerte una idea global de la estructura del tema que vais a abordar en la próxima clase.

Nota: los bloques 1 y 3 NO están incluidos en las horas destinadas al estudio.

Para organizar las asignaturas debes saber que no es lo mismo estudiar tres horas que estar tres horas delante de los libros. El grado de concentración no se mantiene estable durante todo el tiempo, así que, para aprovecharlo al máximo, reparte el trabajo según la dificultad. De tal forma que, cuando tu nivel de concentración sea más bajo, estés realizando una tarea más fácil; y al revés, cuando tu nivel de concentración sea más alto, estés realizando una tarea más compleja. También entra en juego el factor cansancio. Por eso, es conveniente empezar el trabajo con algo simple, para activar la concentración, y terminar con una asignatura más fácil para contrarrestar el cansancio.

Una posible distribución, a modo de ejemplo, sería ésta:

BLOQUE 1

BLOQUE 2

BLOQUE 3
Lectura agenda y organización del material Estudio y realización de ejercicios Preparación del día siguiente
Realización de ejercicios Estudio de asignatura con mayor dificultad Estudio de asignatura con menor dificultad

 

 

Es importante hacer períodos de descanso dentro del Bloque 2. Esos períodos de trabajo irían alternando 45-50 minutos de estudio, con 10 minutos de descanso. No es conveniente alargar esos períodos porque, en ambos casos, romperías el nivel de concentración. Estos pequeños descansos te ayudarán a oxigenar la mente y soltar tensión, así que aprovecha para estirar las piernas, beber agua, comer algo, … Pero recuerda no excederte para mantener un nivel de concentración adecuado cuando vuelvas a ponerte a estudiar.

Un consejo: Deja un día a la semana para repasar todo lo trabajado en días anteriores. También te servirá para recuperar trabajo si algún día te ha surgido un imprevisto que te ha impedido cumplir con el horario que te habías marcado.

Éste es solo un ejemplo de organización del tiempo de estudio. Sólo tú puedes saber qué tipo de planificación se ajusta más a tus necesidades y tus circunstancias. Lo que sí es importante es que sepas que el hecho de tener un horario o una planificación marcada, te va a facilitar mucho el trabajo, porque te ayudará a sacar el máximo partido a tu rendimiento.

 

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