Orientación Académica y Profesional

Orientar sin presionar

El post anterior en el apartado de orientación académica y profesional, hacía referencia a cuándo era conveniente el empezar a hablarles a los estudiantes acerca de este asunto. Hoy, vamos a centrarnos en detalles importantes para enfocar la orientación de forma adecuada.

Como ya he mencionado en anteriores ocasiones, la orientación académica y profesional es una parcela muy amplia, por ello, muy compleja, y a la vez, muy importante en la vida de los estudiantes ya que de ello puede depender su futuro. Tan importante es tener formación y conocimientos teóricos sobre determinadas asignaturas, como el saber tomar decisiones con seguridad llegado el momento.

Aunque en los centros educativos este tema se trata a avanzada edad, los niños y las niñas están desde edades muy tempranas en contacto con preguntas que hacen referencia a su futuro. Desde bien pequeños se les plantea la pregunta: “¿Y tú de mayor qué quieres ser?” A lo que ellos, de la forma más entrañable que les sale, responden: “médico como mi mamá” o “carpintero como mi abuelo” o “profesora de matemáticas como mi papá” o cualquier otra variante que se nos pueda ocurrir. Quiero que aquí hagamos una pausa y analicemos detalladamente esa conversación que ocurre un día cualquiera en cualquier casa.

“¿Y tú de mayor qué quieres ser?” La pregunta está perfectamente formulada. A simple vista no hay ningún atisbo de influencia por parte del adulto que pregunta. Quedémonos con este detalle que luego volveremos a él.

“Yo quiero ser abogada como mi papá” (o cualquier otra respuesta del estilo). Aquí ya sí que apreciamos que en el caso de esta niña sí que ha recibido una influencia por parte del entorno. Quizás (seguro) ella no sepa a qué se dedica su padre, no sabe en qué consiste la abogacía, no sabe ni siquiera si le va a gustar. Pero ella ya “tiene claro” que quiere ser abogada como su padre.

Lo que de forma general puede parecer una respuesta entrañable, a veces, se prolonga en el tiempo de tal manera que se ejerce una presión sobre el estudiante, aunque no se llegue a apreciar a simple vista. Recordemos que el momento de la elección se produce en una etapa un tanto complicada para ellos, la adolescencia, y sus ganas de cumplir con las expectativas que perciben de su entorno, a veces, superan sus propios deseos.

Está bien que conozcan a qué se dedican los miembros de su familia, pero no pueden percibir como “una obligación” el continuar con la tradición familiar. Entre otros motivos porque, si no lo consiguen, pueden sentir frustración por no haber alcanzado lo que se esperaba de ellos.

Pero ahora entramos en el centro educativo, y aquí volvemos a la primera pregunta que mencioné anteriormente. No se sabe ni en qué momento ocurre ni el motivo, pero llega un día en que esa pregunta se transforma de “¿Y tú de mayor qué quieres ser?” a “¿Y tú qué carrera quieres estudiar?” Sí. Esto ocurre de un día para otro y sin avisar. Y ocurre con una facilidad tan abismal que no nos damos cuenta que la pregunta ha cambiado. Asumimos que el alumno o la alumna quiere estudiar una carrera universitaria. Y al asumirlo con tanta naturalidad, de forma indirecta, también se ejerce una presión subconsciente sobre el alumnado. Quizás su idea sobre su futuro no pase por una carrera universitaria (aunque saquen buenas calificaciones), pero esa asunción de intenciones les crea, cuanto menos, la duda sobre la dirección a la que deben encaminar sus pasos.

Líneas atrás he mencionado, y a lo largo del blog lo haré, que la elección de una salida profesional se hace en un momento tan difícil como es la adolescencia. En esta etapa la persona está empezando a formar su personalidad; está en una etapa en la que empieza a adquirir confianza en sí misma, o al menos intentarlo; está en ese momento intermedio de querer tomar sus propias decisiones, pero su “falta de seguridad” hace que necesite la aprobación de los demás, sobre todo de su familia; … En esta fase de la vida, el adolescente intenta demostrar que está adquiriendo madurez, y una de las formas de hacerlo es cumpliendo con las expectativas que los demás tienen puestas en él o ella. Por ello, en este momento donde confluyen la vulnerabilidad y las ganas de contentar, es muy delicado ejercer ciertas presiones sobre los adolescentes, ya que pueden surgir contradicciones entre el ‘quiero’ y el ‘tengo que’. Y esa contradicción en un momento tan crítico, puede derivar en frustración o en un arrepentimiento años después y sensación de haber perdido el tiempo y una oportunidad.

Para ofrecer una buena orientación académica y profesional es importante hacer ver al alumnado la cantidad de posibilidades que tiene por delante. Darles las herramientas para que libremente aprendan a escoger el camino que ellos quieren seguir, sin tener la sensación de haber decepcionado a nadie con su elección. Y por supuesto, sin olvidar que a una meta se puede llegar por muchos caminos. Una cosa buena que tiene nuestro sistema educativo es que existen varias modalidades de formación para alcanzar un mismo objetivo. Y lo más importante es que en ese objetivo esté incluida la felicidad y la voluntad del estudiante.